Señor, Dios nuestro, abrimos nuestros ojos y comenzamos a experimentar las grandezas y maravillas de tu amor. A veces somos demasiado limitados para entenderte, pero sabemos que tú te preocupas por nosotros y has vinculado nuestro destino al tuyo. Gracias por amarnos y por estar a nuestro lado en nuestras tristezas y alegrías. Gracias por darnos tu amor, enseñarnos a cumplir la voluntad del Padre y dejarnos abrir nuestros corazones a la iluminación del Espíritu Santo y para librarnos de nuestras culpas y traernos vida, confianza y felicidad.
Gracias por encomendarnos a tu Espíritu para dirigirnos y movernos en la cotidianidad de nuestras vidas.
Anima cálidamente nuestros corazones y únenos; dispón nuestro espíritu para acoger todo tu amor y para responder a él confiándonos a ti por todo lo que nos has dado y hecho en nosotros. Nos has amado y nos sigues amando como un Dios misericordioso que perdona, un Padre que se preocupa y es tierno como una madre con nosotros. Ayúdanos a comprender que Tú, como Hijo, te hiciste uno de nosotros y nos has hecho libres a costa de tu vida. Y también le descubrimos como un Espíritu de amor, de unidad y de fuerza, que sigue guiándonos e inspirándonos, y que ruega con nosotros y dentro de nosotros, aquí y ahora. Te alabamos y te damos gracias. Mantennos unidos en tu Santo Espíritu, y que la vida de cada uno de nosotros y de todos nuestros hermanos sea una respuesta de amor y de adoración al amor que nos has manifestado.
Danos tu ayuda a todos para que logremos ser para todos reflejo y señal de tu amor tierno y fiel. A ti te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos y te damos gracias, Trinidad Santa. Amén
NOTA
Un muy feliz Domingo para todos y en este día tan especial, abramos nuestro corazón y nuestra conciencia al amor de Dios y dejémonos inspirar por El Espíritu Santo. Que al depositar nuestro voto pensemos en nuestra Patria y en nuestra Iglesia y elijamos a aquel que tenga principios católicos, amor y respeto por la familia. El Señor nos bendiga, nos guarde y nos proteja.
PALABRA DEL PAPA
Hoy, Solemnidad de la Santísima Trinidad, el Evangelio está tomado del diálogo de Jesús con Nicodemo (cf. Jn 3,16-18). Nicodemo era un miembro del Sanedrín, apasionado por el misterio de Dios; reconoce en Jesús a un maestro divino y, por la noche, a escondidas, va a hablar con Él. Jesús lo escucha y comprende que es un hombre que está en un proceso de búsqueda. Entonces, primero lo sorprende, respondiéndole que para entrar en el Reino de Dios es preciso renacer; y después le desvela el corazón del misterio diciéndole que Dios ha amado tanto a la humanidad que ha enviado a su Hijo al mundo. Jesús, el Hijo, nos habla del Padre y de su inmenso amor. Padre e Hijo. Es una imagen familiar que, si lo pensamos, echa por tierra nuestro imaginario sobre Dios. Efectivamente, la palabra “Dios” nos sugiere una realidad singular, majestuosa y distante, mientras que oír hablar de un Padre y un Hijo nos reconduce a casa. Sí, podemos pensar en Dios a través de la imagen de una familia reunida en torno a la mesa donde se comparte la vida. Por lo demás, la mesa, que al mismo tiempo es altar, es un símbolo junto al que ciertos iconos representan a la Trinidad. Es una imagen que nos habla de un Dios comunión. Padre, Hijo y Espíritu Santo: comunión. ¡Pero no es solo una imagen, es realidad! Es realidad porque el Espíritu Santo, el Espíritu que el Padre mediante Jesús ha infundido en nuestros corazones (cfr. Gal 4,6) nos hace gustar, nos hace experimentar la presencia de Dios: presencia siempre cercana, compasiva y tierna. (Francisco, Angelus, 4 de junio de 2023)
Oración Especial a la Santísima Trinidad
Señor, Dios, Padre nuestro, tú eres mi Dios. Que tu sabiduría me dirija, tu gracia me anime, tu amor me dé alegría, tu verdad me proteja, tu poder me guarde.
Jesucristo, Hijo de Dios, hermano y Salvador mío. Que tú te hicieras hombre es mi gran alegría. Quiero seguirte; que tus sufrimientos sean mi victoria, tu desgracia mi honor, tu muerte mi vida, tu resurrección mi bienestar.
Oh, Dios, Espíritu Santo, tú eres mi bienestar, conviérteme porque soy pecador. Devuélveme a la vida porque estoy muerto, despiértame porque estoy dormido. Disponme para la vida. Ilumina mi mente, santifica mi voluntad, fortalece mis débiles fuerzas.
Quédate conmigo, vive en mí, permanece conmigo, oh, Santísima Trinidad, digna de toda alabanza. Amén.
