Un nuevo amanecer otro día de descanso que tú lo regalas, para vivirlo y compartirlo. Gracias, Señor, porque nos das la ocasión de vivir tu amor de manera sosegada y tranquila. Nos regalas este día, para pensar el futuro de nuestra patria, los momentos difíciles e incomprensibles en los que vivimos la incertidumbre, pero tú mismo nos has regalado palabras de fe, consuelo y esperanza.
Como dice san Juan en el Apocalipsis: «esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva». Hoy al reflexionar en tu palabra, no te exigimos un milagro venido de tus manos, sino el signo de tu amor, venido de tu corazón. Permite, Señor, que mañana sigamos encontrando tus signos y milagros apoyados en tu amor, la comprensión y la armonía, porque estos son los signos que tú quieres que compartamos: “ámense como yo lo sé amado”. No hay amor más grande., que el que da la vida por sus hermanos”. Bendícenos guárdanos y protégenos.; que nuestra amada patria esté protegida y bendecida por tu amor y el auxilio maternal de nuestra Santísima Madre. Un muy feliz y descansado lunes, reparador en fuerzas y abriendo caminos de fe y de esperanza. Amén.
Palabra del Papa
He aquí el síndrome de Jonás, que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor. El Señor ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás. En el Evangelio de san Mateo se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días… La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos. El signo que Jesús promete es su perdón a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: «misericordia quiero, y no sacrificios». Así que el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva. Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes (papa Francisco).
