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20-jul.-lunes de la 16.ª semana del T. O.

El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: «misericordia quiero, y no sacrificios».

Un nuevo amanecer otro día de descanso que tú lo regalas, para vivirlo y compartirlo. Gracias, Señor, porque nos das la ocasión de vivir tu amor de manera sosegada y tranquila. Nos regalas este día, para pensar el futuro de nuestra patria, los momentos difíciles e incomprensibles en los que vivimos la incertidumbre, pero tú mismo nos has regalado palabras de fe, consuelo y esperanza. 

Como dice san Juan en el Apocalipsis: «esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva». Hoy al reflexionar en tu palabra, no te exigimos un milagro venido de tus manos, sino el signo de tu amor, venido de tu corazón. Permite, Señor, que mañana sigamos encontrando tus signos y milagros apoyados en tu amor, la comprensión y la armonía, porque estos son los signos que tú quieres que compartamos: “ámense como yo lo sé amado”. No hay amor más grande., que el que da la vida por sus hermanos”. Bendícenos guárdanos y protégenos.; que nuestra amada patria esté protegida y bendecida por tu amor y el auxilio maternal de nuestra Santísima Madre. Un muy feliz y descansado lunes, reparador en fuerzas y abriendo caminos de fe y de esperanza. Amén. 

Palabra del Papa

He aquí el síndrome de Jonás, que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor. El Señor ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás. En el Evangelio de san Mateo se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días… La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos. El signo que Jesús promete es su perdón a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: «misericordia quiero, y no sacrificios». Así que el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva. Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes (papa Francisco).

Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes
ORACIÓN 

Señor, cómo me gustan las palabras de este evangelio: ¡Aquí hay uno que es más que Jonás! ¡Aquí hay uno que es más que Salomón! Y más que Moisés y más que Buda y más que Mahoma…Es hombre y es Dios. Como hombre, tan cercano, tan llanote, tan encontradizo con nosotros. Y como Dios, tan inabarcable, tan infinito…Por eso, Tú, Señor, eres el único capaz de llenar nuestros vacíos, nuestras limitaciones, nuestra finitud. ¡Gracias, Dios mío! Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-20-de-julio-de-2026

Los judíos de entonces y los cristianos de ahora piden “señales”. Quieren ver milagros, apariciones, cosas extraordinarias. Como si la verdadera fe se alimentara de estos hechos portentosos. Pero el evangelio nos dice que Jesús no accedió a esta serie de planteamientos. No convirtió las piedras en panes, ni se tiró del pináculo del Templo abajo, ni se sometió a la voluntad del Maligno. Comió el pan “con el sudor de su rostro”, y pasó por la vida “como uno más” sin organizar espectáculos para entretener a le gente y alimentar un falso mesianismo. San Pablo estuvo en la comunidad de Corinto, rica en carismas, pero dijo claramente que “si no hay amor, lo demás no sirve de nada”. En la vida normal, en la sencillez de nuestro trabajo ordinario, ahí está el Señor. Ofrecer a Dios nuestra vida tal y como nos viene, en lo que tiene de sufrimiento y de gozo, refiriéndolo todo a la Muerte y Resurrección de Jesús, he ahí el verdadero “signo de Jonás” que todos nosotros debemos actualizar cada día.  “No hay virtud más eminente que el hacer sencillamente, lo que tenemos que hacer”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.