En tus manos de Padre nos colocamos y te agradecemos por este nuevo día que estamos iniciando y que esperamos llevar adelante gracias a tu bendición y tu compañía. Permítenos hacer tu voluntad, dejarlo todo para seguirte y amar como tú nos amas.
Concédenos la gracia de renunciar a aquello que atesoramos para servirte y anunciar el evangelio, para recibir hoy, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. En este día, queremos ser verdaderos hermanos en la fe, la esperanza y la caridad, siendo verdaderos discípulos servidores, no esperando más recompensa que la tuya. Gracias, Señor. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.
Un muy feliz y gratificante martes.
Meditación del Papa
El Evangelio de hoy recuerda el pasaje en el que Jesús apenas termina de hablar sobre el peligro de las riquezas, Pedro le pregunta qué recibirán los discípulos que han dejado todo para seguirlo. Jesús es generoso. En verdad, responde que no hay ninguno que haya dejado la familia, la casa, los campos que no reciba ya en este tiempo, cien veces más.
Quizá Pedro piensa que ir detrás de Jesús es una bonita actividad comercial, porque nos hace ganar cien veces más. Pero Jesús añade que junto a esta ganancia habrá persecuciones: como si dijera: ‘Sí, vosotros habéis dejado todo y recibiréis aquí, en la tierra, muchas cosas: ¡pero con la persecución!’ Como una ensalada con el aceite de la persecución: ¡siempre!
Esta es la ganancia del cristiano y este es el camino del que quiere ir detrás de Jesús, porque es el camino que Él ha hecho: ¡Él ha sido perseguido! Es el camino del abajamiento. Lo que Pablo dice a los filipenses: “Se abajó. Se hizo hombre y se abajó hasta la muerte, y una muerte de cruz. Esta es precisamente la tonalidad de la vida cristiana» (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2014, en Santa Marta).
