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21-jul.-martes de la 16.ª semana del T. O.

sobre todo damos gracias porque Jesucristo nos ha llamado a formar parte de su familia, en la cual lo que cuenta es hacer la voluntad del Padre que está en los cielos

Nos engrandece y nos llena de alegría abrir los ojos y que nuestro pensamiento sea pensar en Dios, porque sabemos que estamos en sus manos, que Él guiará nuestros pasos, nos mostrará el camino a recorrer y pondrá palabras de sabiduría en nuestros corazones. Gracias por todo lo que nos concederás. Porque Tú nos conoces, nos amas y estamos en tus manos. A dondequiera que nos lleves, tú sabes a dónde quieres que lleguemos. Te pedimos fe y confianza y que tu voluntad sea nuestra voluntad. 

Gracias por el amor de la Virgencita, Madre tuya y Madre nuestra, porque en tu amor y bondad nos la pones como un ejemplo grande de obediencia a la voluntad del padre, porque Ella escuchó la Palabra y la puso en práctica y sobre todo la cumplió. Que ella nos conceda también cumplirla y ponerla en práctica amando y sirviendo siempre. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén. 

Un muy feliz y santo martes de obediencia y de servicio. 

PALABRA DEL PAPA

Esta palabra de Jesús, si lo pensamos bien, genera una forma nueva de entender la familia. ¿Veis? Al principio me he dirigido a vosotros llamándoos “hermanos y hermanas”. No es solo una fórmula, una forma de hablar convencional. No. Es una realidad, una realidad nueva generada por Jesucristo. Y como os decía, esta palabra de Jesús ha renovado radicalmente la familia, por lo que el vínculo más fuerte, más importante para nosotros cristianos ya no es el de sangre, sino que es el amor de Cristo. Su amor transforma la familia, la libera de las dinámicas del egoísmo, que derivan de la condición humana y del pecado, la libera y la enriquece con un vínculo nuevo, aún más fuerte pero libre, no dominado por los intereses y las convenciones del parentesco, sino animado por la gratitud, el renacimiento, el servicio recíproco. (…)  ¡Las raíces son importantes! Y nosotros damos gracias a Dios por el don de la vida y por los que nos la han transmitido. Pero sobre todo damos gracias porque Jesucristo nos ha llamado a formar parte de su familia, en la cual lo que cuenta es hacer la voluntad del Padre que está en los cielos.  (Francisco - Discurso durante la peregrinación a la diócesis de Asti, 5 de mayo de 2023)

 

el vínculo más fuerte, más importante para nosotros cristianos ya no es el de sangre, sino que es el amor de Cristo
ORACIÓN 

Señor, en estos momentos, vengo a pedirte que me ensanches mi mente y, sobre todo mi corazón, para descubrir mi verdadera familia, mi familia en el espíritu, mi familia en la fe. Está por encima de los lazos de la carne y de la sangre. En esta familia yo descubro a Dios como Padre y a los demás como hermanos y hermanas. A esta gran familia pertenece especialmente María, la madre de Jesús, pero también nuestras propias madres. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-21-dee-julio-de-2026

A primera vista, nos parece que Jesús no tiene un comportamiento correcto con su madre. Todos hubieran deseado que, ante el anuncio de que su madre estaba ahí, hubiera cortado el discurso para saludar y dar un abrazo a su madre. Pero Jesús, con este comportamiento, nos está diciendo que a su madre no la podemos encasillar en un esquema meramente “biológico”. Por eso tampoco acepta ese piropo tan natural de una mujer de pueblo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te dieron de mamar». Jesús no puede reducir a su madre a la categoría biológica de “pechos y vientre”. Ella es grande porque siempre ha sido “la oyente de la Palabra de Dios”, la que siempre ha cumplido la voluntad del Padre. María va a ser una persona muy especial, un miembro cualificado, en la gran familia de los seguidores de Jesús. Y es que Jesús nunca ha querido separar a su madre, del Pueblo de Dios. En esta maravillosa “caravana de la fe” Ella es la primera. “Dichosa tú, la creyente” le dijo su prima Isabel. Y dichosos de nosotros que nos podemos aprovechar de la palabra del Señor, vivida, rumiada, asimilada, por María en lo más hondo de su corazón. Nos pide Jesús que nos fiemos y vivamos de su palabra, como hizo la Virgen. Bienaventurados más bien «los que escuchan la palabra de Dios y la guardan» (Lucas 11, 28). Esa fue la actitud de la Virgen durante toda su vida. El Papa Benedicto XVI describió esta actitud de María con palabras muy bellas: “la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual entra y sale con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios: la Palabra de Dios se convierte en Palabra suya y su palabra nace de la Palabra de Dios” (Deus Caritas est, 42)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.