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1-jun.-2026, lunes de la 9.ª semana del T. O.

Dios piensa siempre con misericordia [...] como el padre que espera el regreso del hijo y va a su encuentro [...] como el samaritano [...] como el pastor que da su vida

El nacimiento de un nuevo amanecer, el inicio de semana y de un nuevo mes nos trae alegría y felicidad, porque iniciamos con salud y fortaleza para emprender nuestras actividades y hacerlas con el corazón. 

Permítenos dar desde nuestro corazón todo lo bueno para compartir con nuestros hermanos. Este mes dedicado a tu sagrado corazón, danos la ocasión de compartir en humildad y en sencillez lo que nos regalarás. 

Ahora, reflexionamos tu Palabra y lo que esperas con nosotros. Qué detalle Señor, has tenido con nosotros cuando has querido generosa y misericordiosamente poner en nuestras manos una hermosa y productiva viña y que hayas querido que cada uno de nosotros la administremos de acuerdo con nuestras capacidades y talentos. Queremos pedirte, Señor, que administremos tu viña —que es nuestra vida— y le pongamos el mismo amor con que tú nos la das. No permitas que nos creamos dueños absolutos de ella y no le dejemos dar los frutos que tú esperas. Queremos que la viña de cada uno sea hermosa y productiva, que la podamos mantener bien cultivada, que —en el momento que tú nos pidas los frutos que quieres percibir— no vayamos a ser ni creernos más que tu amor y tu generosidad y que lo que recibas sean frutos de bondad, generosidad, servicio y disponibilidad. Ayúdanos a mantenerla abonada, pero ante todo disponible para ti. Que esta semana que iniciamos sea para cada uno de felicidad, de alegría y de esperanza; que realicemos nuestras actividades con el corazón, en fraternidad y solidaridad. Tú eres bondadoso, tú nos amas y hoy nos preguntas: «¿Qué más hubiera podido yo hacer por ti?»

Enséñanos y ayúdanos a responder a tu cariño cotidiano y a tu infinita paciencia, a la riqueza de vida que nos traes y a los frutos y dones del Espíritu Santo, para que seamos verdaderos testigos y demos frutos duraderos. Que sepamos llevar a todos una esperanza animada por el amor; y ante todo, que seamos generosos para compartir como tú compartes con nosotros. Gracias, Señor, y danos fortaleza e infunde en nosotros optimismo para saber que será una semana esplendorosa y llena de satisfacciones por los frutos que recogeremos en abundancia. Que Nuestra Madre Celestial sea nuestro auxilio y grata compañía. Amén.

Feliz y fructífero lunes e inicio de semana y de mes lleno de bendiciones y esperanzas. 

Palabra del Papa

No olvidéis esto: Dios piensa siempre con misericordia: ¡es el Padre misericordioso! Dios piensa como el padre que espera el regreso del hijo y va a su encuentro, lo ve venir cuando todavía está lejos… ¿Qué significa esto? Que todos los días iba a ver si el hijo volvía a casa: éste es nuestro Padre misericordioso. Es el signo de que lo esperaba de corazón en la terraza de su casa. Dios piensa como el samaritano que no pasa cerca del desventurado compadeciéndose o mirando hacia otro lado, sino socorriéndole sin pedir nada a cambio; sin preguntar si era judío, si era pagano, si era samaritano, si era rico, si era pobre: no pregunta nada. No pregunta estas cosas, no pide nada. Va en su ayuda: así es Dios. Dios piensa como el pastor que da su vida para defender y salvar a las ovejas (papa Francisco Audiencia del 27 de marzo de 2013).

ORACIÓN 

Hoy, Señor, leyendo tu evangelio he sentido una especie de escalofrío ante la maldad humana. Es como una fiera que mata y destruye con tal de salvar sus intereses; no se limita a matar a los empleados, sino que va más lejos y llega a matar al hijo del dueño de la viña.  Esa parábola se cumplió en Jesús. Y en el aire queda suspendida la pregunta: ¿Qué hará el dueño de la viña? ¿Castigará a todos? ¿Los matará? ¿O dejará que los brazos del Hijo, clavado en la Cruz, abracen a los mismos asesinos?

Dios piensa siempre con misericordia: ¡es el Padre misericordioso!
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-1-de-junio-de-2026

¡Qué bonitos los sueños de Dios y qué feas nuestras acciones! No cabe duda de que Jesús, al proponer la parábola de la vid, ha pensado en Isaías 5, 1-2 «Mi amigo tenía una viña en fértil terreno. Removió la tierra, la limpió de piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Y esperó que diera uvas, pero dio frutos agrios». ¡Cuántos sueños de Dios sobre su viña, cuántos desvelos, cuanto cuidado, cuanto mimo!…  Y, al tiempo de la cosecha, ¡cuánta amargura y decepción! No sólo dio agrazones, sino que llegaron a matar al Hijo del Dueño de la Viña. 

Pensemos que ningún padre entrega a su hijo querido si ya han dado muerte a sus jornaleros… La parábola tiende a situar el amor de ese padre en el terreno de lo irracional, lo absurdo, lo jamás visto ni oído. De nuevo Dios nos sorprende con su amor escandaloso. Este amor de Dios debe provocar en nosotros un amor sin medida. Ser cristiano es caer en la cuenta del amor abismal que Dios nos tiene, dejar que ese amor nos empape por dentro, nos transforme el corazón, nos trastorne la cabeza, y nos haga pasar por la vida como “verdaderos locos” dispuestos a contagiar esta locura de amor a los demás.  

ORACIÓN SAGRADO CORAZÓN 

Oh, Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:

(Se ora en silencio pidiendo el favor)

¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios? A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas. Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.