
El Año de Publicación 94 de La Iglesia, correspondiente a enero-diciembre de 2000, números 1-12, constituye un volumen singular por reunir la documentación de la Arquidiócesis de Bogotá durante el Año Santo Jubilar 2000 y, al mismo tiempo, registrar una de las más importantes reorganizaciones territoriales de su historia reciente. La revista fue dirigida por monseñor José Ignacio Ortega Franco y la edición conservada fue impresa en Bogotá en marzo de 2003. El volumen abre con una amplia reconstrucción histórica de Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen, decimoséptimo arzobispo de Santafé de Bogotá, nacido en Santiago de Chile en 1693, cuya trayectoria comprendió su formación jurídica, los cargos desempeñados en la diócesis de Santiago, su episcopado auxiliar en Concepción y su posterior llegada a Santafé. El Jubileo del año 2000 ocupa un lugar central: se registran los tiempos litúrgicos, celebraciones en la Catedral Primada, santuarios jubilares, jubileos personales, expresiones de religiosidad popular y la dimensión mariana de la celebración. También se conserva una extensa selección de homilías, exhortaciones y mensajes de Pedro Rubiano Sáenz, entre ellos la Misa Crismal, el Viernes Santo, la celebración jubilar de la Presidencia de la República, el Te Deum del 20 de julio, actos relacionados con la Jornada Mundial de la Juventud y los jubileos sacerdotales, además de su mensaje sobre el diaconado permanente. En el plano pastoral, el volumen hace explícita la continuidad entre el VI Sínodo Arquidiocesano, clausurado en 1998, y el Plan Global de Pastoral, cuya perspectiva del Buen Samaritano continúa orientando la acción arquidiocesana.
Para la historia territorial de Bogotá, sin embargo, el documento adquiere una importancia excepcional por la revisión sistemática de las jurisdicciones eclesiásticas. El Decreto n.º 649 establece que los límites de las circunscripciones deben describirse técnicamente y apoyarse en una base cartográfica precisa, reconociendo que el crecimiento urbano, las nuevas obras viales y la desaparición o transformación de antiguos accidentes topográficos habían hecho necesario actualizar los límites parroquiales; además, recuerda el sistema descriptivo adoptado por el cardenal Aníbal Muñoz Duque en 1970. A partir de agosto de 2000 se documenta así la reestructuración territorial de las Zonas Pastorales Episcopales de Cristo Sacerdote, Sagrada Eucaristía, San José y San Pedro, entre otras, acompañada de una nueva delimitación técnica de parroquias mediante calles, avenidas, ríos, canales, límites distritales y municipales. La Zona Pastoral de San Pablo resulta particularmente reveladora: el Decreto n.º 644 explica que la expansión demográfica y urbanística de Soacha, Sibaté, Bosa y el sector noroccidental de Ciudad Bolívar había producido una conurbación progresiva y que la zona comprendía entonces 27 parroquias, con la posibilidad de crear otras 18 para atender una población cercana al millón de habitantes. La sección de decretos registra además una extensa serie de erecciones parroquiales, entre ellas Beato Juan XXIII, San Isidoro de Sevilla, María Estrella de la Evangelización, San Juan Neumann y Cristo Misionero, junto con modificaciones de las parroquias de las que fueron segregadas. Particularmente significativo es el Decreto n.º 694, del 4 de diciembre, mediante el cual se erige María, Estrella de la Evangelización, segregada de San Atanasio, en el sector de Virrey, Bellavista Alta, Serranías, Las Flores y Comuneros; el decreto fija sus límites y modifica los de la parroquia matriz. Igualmente, el Decreto n.º 695 crea San Juan Neumann, en el barrio Usminia, también segregada de San Atanasio. El volumen documenta asimismo incardinaciones, innumerables provisiones de oficios, nombramientos de párrocos y vicarios, cambios en el Tribunal Eclesiástico, nuevas casas religiosas y asociaciones de fieles. En diciembre se registra, además, la provisión de los sacerdotes destinados a las nuevas parroquias Cristo Misionero, San Juan Neumann y María, Estrella de la Evangelización, mostrando cómo las erecciones territoriales se tradujeron inmediatamente en una nueva distribución del clero. De este modo, 2000 reúne la celebración jubilar y una verdadera cartografía jurídica de la Arquidiócesis, pues los decretos no solo crean nuevas parroquias, sino que fijan sus territorios con precisión y dejan constancia de la transformación urbana que obligó a replantear la administración pastoral de Bogotá y su área metropolitana.

