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VIERNES SANTO 2021

MONICION DE ENTRADA

Esta tarde estamos reunidos para celebrar la muerte victoriosa de Cristo en la cruz. Contemplemos y meditemos en Jesús: el Cordero sacrificado por nuestra liberación.

La muerte de Cristo fue la causa de que nuestra muerte fuera vencida.

Jesús, el Señor, muere en la cruz. Y nosotros estamos aquí movidos por la fe, por la admiración, por el agradecimiento, por el amor. Porque su Sangre, su Cruz, son la fuente de nuestra vida, la luz de nuestro camino, la fuerza que nos transforma.

La celebración de hoy no es la Eucaristía, la Iglesia no celebra la misa en este día. La liturgia de hoy tiene cuatro partes: lectura de la Palabra de Dios, oración de los fieles, veneración de la Cruz y la distribución de la Sagrada Eucaristía reservada anoche.

Comencemos hoy nuestra celebración en silencio. Después nos arrodillaremos orando ante Jesús desde lo más profundo de nuestro corazón.

 

MONICIÓN PRIMERA LECTURA: Del Profeta Isaías 52,13-53,12

Fue traspasado por nuestras rebeliones

Este poema del profeta Isaías describe la pasión salvadora y gloriosa del siervo del Señor. Sobre él cayeron los pecados de todos los seres humanos. Para nosotros estas profecías, escritas muchos años antes de Cristo, nos hablan de Jesús el Cristo. Escuchemos.

PIMERA LECTURA

Lectura del Profeta de Isaías 52, 13-53, 12

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.

Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía
aspecto humano; así asombrará a muchos pueblos: ante El los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?

¿A quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un
hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros;
despreciado y desestimado.

 

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos
leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron.
 

Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre
él todos nuestros crímenes.

 

Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado
al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

 

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron.
 

¿Quién meditó en su destino?
 

Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
 

Le dieron sepultura con los malhechores; porque murió con los malvados, aunque no
había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.

 

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
 

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años;
lo que el Señor quiere prosperará por sus manos.

 

A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará; con lo aprendido, mi Siervo
justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos.

 

Por eso le daré una parte entre los grandes, con los poderosos tendrá parte en los
despojos; porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, y él tomó
el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.

 

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

 

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Pero yo confío en ti, señor, te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.

 

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

 

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: De la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9

Se Convirtió en causa de salvación

Cristo, que nos señaló y nos abrió el camino hacia la salvación, pasó por todos los sufrimientos y debilidades humanas, menos el pecado. Cristo, es el sumo Sacerdote, con Dios y entre nosotros. Escuchemos con atención.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9.

Hermanos:

Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos —Jesús, el Hijo de Dios—. Mantengamos firmes la fe que profesamos.

Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su actitud reverente.

El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.

Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

 

MONICIÓN AL EVANGELIO: San Juan 18, 1-19, 42.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Escucharemos el relato de la Pasión según san Juan, ésta es una continuación de la última cena y del discurso de despedida. Un tema predominante es el de la “hora” de Jesús. Pongan atención a esta gran lección de generosidad.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 1-19, 42.

C. En aquel tiempo Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón,
donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía
también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces,
tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá
con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les
dijo:
—¿A quién buscáis?
C. Le contestaron:
S. —A Jesús el Nazareno.
C. Les dijo Jesús:
—Yo soy.
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y
cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
—¿A quién buscáis?
C. Ellos dijeron:
S. —A Jesús el Nazareno.
C. Jesús contestó:
—Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me
diste.»
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo
sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a
Pedro:
—Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo
llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año, el que
había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del sumo
sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó
fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera
e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. —¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?
C. Él dijo:
S. —No lo soy.
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se
calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
—Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la
sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a
escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he
hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús,
diciendo:
S. —¿Así contestas al sumo sacerdote?
C. Jesús respondió:
—Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se
debe, ¿por qué me pegas?
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. —¿No eres tú también de sus discípulos?
C. El lo negó diciendo:
S. —No lo soy.
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la
oreja, le dijo:
S. —¿No te he visto yo con él en el huerto?
C. Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo.
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el
Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera,
adonde estaban ellos y dijo:
S. —¿Qué acusación presentáis contra este hombre?
C. Le contestaron:
S. —Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.
C. Pilato les dijo:
S. —Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.
C. Los judíos le dijeron:
S. —No estamos autorizados para dar muerte a nadie.
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Jesús le contestó:
—¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
C. Pilato replicó:
S. —¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí;¿qué
has hecho?
C. Jesús le contestó:
—Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría
luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
C. Pilato le dijo:
S. —Conque, ¿tu eres rey ?
C. Jesús le contestó:
—Tu lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para
ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
C. Pilato le dijo:
S. —Y, ¿qué es la verdad?
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. —Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua
ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Volvieron a gritar:
S. —A ése no, a Barrabás.
C. (El tal Barrabás era un bandido.)
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona
de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y,
acercándose a él, le decían:
S. —¡Salve, rey de los judíos!
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. —Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato
les dijo:
S. —Aquí lo tenéis.
C. Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron:
S. —¡Crucifícalo, crucifícalo!
C. Pilato les dijo:
S. —Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.
C. Los judíos le contestaron:
S. —Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha
declarado Hijo de Dios.
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el
Pretorio, dijo a Jesús:
S. —¿De dónde eres tú?
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. —¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad
para crucificarte?
C. Jesús le contestó:
—No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por
eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. —Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el
César.
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en
el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la
Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S —Aquí tenéis a vuestro Rey.
C. Ellos gritaron:
S. —¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Pilato les dijo:
S. —¿A vuestro rey voy a crucificar?
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. —No tenemos más rey que al César.
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con
la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo
crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un
letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a
Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S. —No escribas «El rey de los judíos» sino «Este ha dicho:
Soy rey de los judíos».
C. Pilato les contestó:
S. —Lo escrito, escrito está.
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes,
una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una
pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. —No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca.
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica.»
Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de
Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto
quería, dijo a su madre:
—Mujer, ahí tienes a tu hijo.
C. Luego dijo al discípulo:
—Ahí tienes a tu madre.
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se
cumpliera la Escritura dijo:
—Tengo sed.
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre
a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo:
—Está cumplido.
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los
cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato
que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las
piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él;pero al llegar a Jesús,
viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con
la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y
su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.
Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro
lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a
los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El
fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de
noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra
a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto
un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era
el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

 

INTRODUCCIÓN A LA ORACIÓN UNIVERSAL:

Hoy, ante Jesús que da la vida por la humanidad entera, nuestra oración debe ser más intensa, para que a todos llegue la vida que nace de la cruz. Unámonos, pues, ahora, en oración para que el fruto de la salvación alcanzada por Cristo en la cruz llegue a todos.

(El presidente inicia desde el Misal o el Libro de la Sede la Oración Universal, especial para hoy).

De entre las oraciones que se proponen en el Misal, el sacerdote puede escoger aquellas que  se acomodan mejor a las condiciones del lugar, pero de tal modo que se mantenga el orden de las intenciones que se propone para la oración universal.

 

INTRODUCCIÓN ANTES DE LA VENERACIÓN DE LA CRUZ:

Para los cristianos, la cruz es el instrumento elegido por Cristo para nuestra salvación. Es el signo del amigo que entrega su vida por aquel que ama. Desde la Cruz Cristo es proclamado Redentor y Salvador.

Recibamos ahora, en medio de nuestra asamblea, la cruz de Jesucristo. En él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección. Dispongámonos a adorar a nuestro Salvador, porque él ha muerto para darnos vida. Todos nos iremos acercando a venerar la Cruz. Luego tendremos la Sagrada Comunión para aquellos que están debidamente preparados. La Eucaristía que ayer celebrábamos nos alimenta también hoy, mientras esperamos compartir, mañana por la noche, la Eucaristía de la Pascua.

 

EXHORTACIÓN FINAL:

¡Victoria! ¡Tú reinarás! ¡Oh cruz, tú nos salvarás!

El Verbo en ti clavado, muriendo nos rescató;

De ti, madero santo, nos viene la redención.

Extiende por el mundo tu reino de salvación;

Oh cruz fecunda de vida y bendición.

Impere sobre el odio tu reino de caridad:

Alcancen las naciones el gozo de la unidad.

Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad;

El río de la gracia apague la iniquidad;

La gloria por los siglos a Cristo libertador;

Su cruz nos lleve al cielo, la tierra de promisión.

Amén.