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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A – (DICIEMBRE 18  DE 2022)

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, tengan todos muy buenos días (tardes, noches). Nos reunimos en este cuarto domingo de Adviento ya en vísperas de la Navidad. Es el momento especial de avivar nuestra fe como José cuando es visitado por el ángel.

La liturgia de este día tiene un claro color mariano. Es como el preludio de la Natividad del Señor, que ya está cerca. El recuerdo de la Madre no interrumpe ciertamente el ritmo del Adviento ni la dinámica de la preparación a la Navidad, pues ella fue la que mejor vivió el Adviento y la Navidad y puede ayudarnos a vivir la Navidad con mayor profundidad desde nuestra fe.

Pidiendo la intercesión de la Madre de Dios para vivir mejor esta navidad, nos disponemos a iniciar la Santa Misa, de pie, cantando el canto de entrada…

 

MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS

El evangelista Mateo aplicó el oráculo del Emmanuel que hoy leemos en la primera lectura al nacimiento de Jesús. En él se cumplen las Escrituras de modo definitivo. Nuestra generación, que busca al Señor como la del salmista, lo puede encontrar en Jesús de Nazaret. Quien lo descubra tendrá que anunciarlo en todas partes con la misma valentía y decisión de Pablo. Con mucha atención escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz:

«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Acaz:

«No la pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Dios:

«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal:

Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel,
que significa «Dios-con-nosotros»».

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos.

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios.

Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.

Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.

A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa
«Dios-con-nosotros»».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

Con la Navidad, ya a las puertas, la misa de este cuarto domingo nos deberá ayudar a intensificar la actitud de fe y de espera activa, preparando nuestro ánimo para celebrar las fiestas navideñas no sólo en su dimensión humana y familiar sino, sobre todo, cristiana, atendiendo al gran misterio que nos congrega en el templo. Los cantos, las lecturas y las oraciones invitan a ello. Concretamente, en las lecturas aparecen dos personajes entrañables: la Virgen María y su esposo José, que fueron las personas que mejor esperaron y celebraron la llegada de Dios a nuestra historia humana.

El profeta Isaías en el pasaje evangélico de hoy nos da el nombre de ese Dios que quiere venir a convivir con su pueblo. Se lo anuncia al rey Acaz, diciéndole que una mujer, una virgen, dará a luz un hijo cuyo nombre será Dios-con-nosotros (esto es lo que significa en hebreo el nombre Enmanuel). Es decir, que este nombre se convierte en la definición de la persona portadora del mismo y que refleja toda la profundidad de la Encarnación de Dios y que nos llena a todos de inmensa alegría. Ésta es la gran noticia que tuvo su realización ya hace dos mil veintidós años; y por ello todos los cristianos nos disponemos a celebrar la Navidad, como Dios quiere.

Por otra parte, también san Pablo en le segunda lectura nos asegura que Cristo Jesús, en cuanto hombre, ha nacido de la estirpe de David según la carne (Rom 1, 3). Y que viene para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles…, entre los que os encontráis también vosotros…, amados de Dios (Rom 1, 5-7). Además, en el pasaje evangélico de hoy san Mateo nos dice que lo que pasó en María fue el cumplimiento de la promesa profética, y repite el nombre de Enmanuel, como lo había llamado el profeta, si bien, José recibirá la orden de imponerle como el nombre de Jesús que quiere decir Dios salva.  

La verdad es que por encima de las numerosas y tristes noticias de nuestra historia e incluso de las que ahora mismo nos están agobiando y por encima también de los aspectos más superficiales de las fiestas navideñas, los cristianos nos estamos disponiendo a celebrar que Dios ha querido entrar en nuestra historia, y que quiere permanecer con nosotros y que, sobre todo en estos días, quiere hacer más tangible lo que un día nos prometió: yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos (M 28, 21). Esto es, sencillamente, la mejor fiesta que podemos imaginar.

Las lecturas de este domingo nos han hablado, muy especialmente de María, la madre en que se cumplirá la profecía de Isaías: la virgen da a luz un hijo (Is 7, 14).  Ella es la nueva Eva, a la que alude el prefacio de este domingo; en él proclamaremos que “si del antiguo adversario nos vino la ruina, del seno virginal de María, la hija de Sión, ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz”. El recuerdo de la Virgen-Madre es muy oportuno para que terminemos bien el Adviento y celebramos con fe la Navidad. En estas fiestas miraremos a la Madre del Señor, nos alegraremos con ella y aprenderemos a acoger al Salvador con fe y amor. “Amando al prójimo –dice San Agustín- limpias tus ojos para ver a Dios” (In Jo., 17, 8).

Pero, además, hoy, junto con ella, encontramos a José, el humilde artesano, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios y sus planes. José no entiende del todo el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María; él conoce o, al menos, intuye el misterio y que el hijo que va a tener María es obra de Dios y, humildemente, no queriendo usurpar una paternidad que ya sabe que es del Espíritu, quiere retirarse. No comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Será el ángel enviado por Dios quien le asegure que sí cabe: él va a ser el esposo de María y esta condición certificará que el Mesías era de la dinastía de David.

Por todo ello, haremos bien en recordar y valorar en estas fiestas la actitud de José y no sólo acordándonos de él el día 19 de marzo o el primero de mayo, en la Fiesta del trabajo. En el Adviento, en la Navidad y en la Epifanía José está muy presente. Junto con María, también él es un modelo para nosotros, abierto a la Palabra de Dios y obediente a la misión que se le había confiado. No fue otra la intención de incluir su nombre en la Conmemoración de los Santos en la Plegaria Eucarística de la misa. Con todo esto, el IV Domingo del Adviento nos ayuda a entrar ya en el misterio de la Navidad.  

Oremos. Señor, en el umbral de tu inminente venida, el gozo, el asombro y la alabanza llenan hoy nuestro corazón, como llenaban también el de san José, la figura silenciosa, pero elocuente del Adviento. Gracias por ello, Señor. Te pedimos que mantengas alerta nuestra fe en la oscuridad, porque ya está llegando Jesús, el Dios-con-nosotros.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

El día de la salvación está ya cerca. Dirijamos, hermanos, nuestras súplicas a Dios Padre, por la intercesión de María, para que envíe pronto a su Hijo, nuestro Salvador, y haga florecer la justicia, la paz y el amor en nuestro mundo.

DIGAMOS TODOS: «SEÑOR JESÚS, VEN PRONTO»

  1. Para que en estos días que esperamos la venida de Cristo, la Iglesia, llena de gozo y consuelo divinos, anuncie a todos los pueblos su total liberación. Oremos.
  2. Para que el Papa, obispos y sacerdotes, anuncien el mensaje de salvación, como verdaderos precursores y enviados de Dios a evangelizar el mundo. Oremos.
  3. Para que los gobernantes de las naciones, especialmente los de nuestro país, busquen soluciones de paz, justicia y amor a los conflictos nacionales e internacionales, sobre todo en estos días cercanos a la Navidad. Oremos.
  4. Para que la reconciliación y el perdón reinen en nuestros corazones y que, en la celebración de esta Navidad. las familias se encuentren reunidas y en paz. Oremos.
  5. Para que en estas fiestas navideñas el nuestro amor florezca y se traduzca en ayuda a los más necesitados. Oremos.
  6. Por todos los que estamos reunidos en esta celebración, para que preparemos en nuestra vida los caminos del Señor y se haga realidad su venida entre nosotros. Oremos.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Señor, Dios nuestro, escucha las oraciones que tus hijos te hemos presentado y concédenos, según tu voluntad, lo que tú bien sabes que necesitamos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.