Alegre, despertar en este día de fiesta y dedicado a tu gran amor. Amanecer radiante, con sol esplendoroso, que nos ha anunciado un despertar lleno de tu presencia. Momento para darte gracias por lo que ha sido nuestra semana y el camino recorrido.
Ahora, Señor, nos das la ocasión de poder reflexionar en tu palabra, que cada día nos ayuda a hacer tu voluntad y la del Padre celestial.
Estabas agotado en el camino que llevabas y te hiciste el encontradizo con esta mujer samaritana, que iba camino del pozo de Jacob. Inicias tu conversación hablando con esta mujer lo que no era usual porque los judíos y los samaritano no se trataban. Ella fue a buscar agua física, pero todo le ofreciste «agua viva», es decir, un agua eterna. La llevaste a un conocimiento íntimo de su vida personal, sus cinco esposos y su compañero actual; por eso esta mujer te reconoce como profeta.
La mujer, transformada, deja su cántaro (lo que la trajo allí) y corre a la ciudad a evangelizar, diciendo: «¡venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho! ¿no es éste el Cristo?». Al igual que la samaritana te reconoce, nosotros te reconocemos, porque también estamos sedientos de tu presencia y de tu amor para calmar nuestra propia sed. Tú eres la fuente de agua, viva que nos sacia de la sed de comprensión, solidaridad y fraternidad. Ayúdanos, Señor, a llenar el cántaro de la esperanza.
Te damos gracias por tu iniciativa al buscar a la mujer en el pozo, rompiendo toda barrera de prejuicio y diferencia. Reconocemos que, al igual que ella, a menudo venimos buscando satisfacciones temporales (el agua de nuestros pozos terrenales).
Te pedimos que sacies nuestra sed profunda con tu "agua viva", que es la vida eterna y la comunión contigo. Ayúdanos a adorarte no en lugares físicos, sino en la sinceridad de nuestro espíritu y en la verdad de nuestra vida.
Amén. Un muy feliz domingo.
PALABRA DEL PAPA
En el encuentro con la Samaritana, destaca en primer lugar el símbolo del agua, que alude claramente al sacramento del Bautismo, manantial de vida nueva por la fe en la gracia de Dios. En efecto, (…) forma parte del antiguo itinerario de preparación de los catecúmenos a la iniciación cristiana, que tenía lugar en la gran Vigilia de la noche de Pascua. «El que beba del agua que yo le daré —dice Jesús—, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 14). Esta agua representa al Espíritu Santo, el «don» por excelencia que Jesús vino a traer de parte de Dios Padre. Quien renace por el agua y el Espíritu Santo, es decir, en el Bautismo, entra en una relación real con Dios, una relación filial, y puede adorarlo «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23.24), como revela también Jesús a la mujer samaritana. Gracias al encuentro con Jesucristo y al don del Espíritu Santo, la fe del hombre llega a su cumplimiento, como respuesta a la plenitud de la revelación de Dios. Cada uno de nosotros puede identificarse con la mujer samaritana: Jesús nos espera, especialmente en este tiempo de Cuaresma, para hablar a nuestro corazón, a mi corazón. Detengámonos un momento en silencio, en nuestra habitación, o en una iglesia, o en otro lugar retirado. Escuchemos su voz que nos dice: «Si conocieras el don de Dios...». (Benedicto XVI, Ángelus, 27 de marzo de 2011)
ORACIÓN
Señor Jesús, agua viva, te damos gracias por tu iniciativa al buscar a la mujer en el pozo, rompiendo toda barrera de prejuicio y diferencia. Reconocemos que, al igual que ella, a menudo venimos buscando satisfacciones temporales (el agua de nuestros pozos terrenales).
Te pedimos que sacies nuestra sed profunda con tu "agua viva", que es la vida eterna y la comunión contigo. Ayúdanos a adorarte no en lugares físicos, sino en la sinceridad de nuestro espíritu y en la verdad de nuestra vida.
Gracias por revelarte como el Mesías. Que, al igual que la mujer samaritana, al encontrarte, dejemos nuestras cargas (nuestro cántaro) y corramos a compartir la noticia de que tú conoces nuestra historia y nos has transformado.
Que nuestra vida sea un testimonio que lleve a muchos a creer en ti. Amén.
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-3o-de-cuaresma-8-de-marzo-de-2026
Viene a Jesús una mujer. Y viene con sus prejuicios, con su sed ardiente y con sus ganas de cambiar.
1.– La Samaritana va hacia Jesús con sus prejuicios.
De tipo cultural. En aquella sociedad un hombre no podía hablar en público con una mujer. Su machismo exagerado no le permite rebajarse y hablar con un ser inferior. Jesús se pone a hablar con ella con toda naturalidad. Él quiere volver al proyecto original de Dios donde los hombres y las mujeres van a tener la misma dignidad y los mismos derechos al ser “hijos e hijas de Dios”
De tipo social. Los judíos y los samaritanos no se pueden ver. Hasta el punto de que a los judíos les estaba prohibido usar los objetos de los samaritanos: sus vasijas, ya que se contaminarían. Y Jesús no tiene ningún problema de pedir un trago de agua del cántaro de esa mujer. ¿Ves esa agua? No tiene color. Tampoco las personas… judíos y samaritanos tenemos el mismo color del agua, el color del amor. Todos somos hermanos.
De tipo religioso. Sólo tenían por inspirados los cinco primeros libros de la Biblia. Los samaritanos son gente extranjera que se había asentado durante el exilio de Babilonia. Lo cierto es que los dos pueblos no se podían ver. Dice la mujer: «Nosotros adoramos a Dios en un templo que tenemos en el monte Garizín y vosotros decís que sólo en el templo de Jerusalén se puede adorar a Dios». A este planteamiento dice Jesús: «Ni en el Garizín ni en Jerusalén…» sino en el corazón de cada uno, es decir, «en espíritu y en verdad». La religión nunca puede ser motivo de división sino de unión. Cuando dos personas tienen a Dios en el corazón no pueden odiarse ni distanciarse, sino amarse.
2.– La Samaritana va a Jesús con su ardiente sed, pero con ganas de cambiar. Lo que caracteriza a todo hombre y a toda mujer es la sed. Todos tenemos sed: sed de bienestar, de salud, de cariño. En definitiva, sed de felicidad. Lo peor es que, a veces, erramos el camino. Como tú misma lo has errado. «Cinco maridos has tenido y el que ahora tienes tampoco es tuyo». Después de ese despilfarro de amor… ¿eres feliz? ¿No te das cuenta de que el cántaro de la felicidad que llenas todas las mañanas con toda ilusión se te queda vacío al atardecer?… Eso les pasa a tantas personas…Quieren llenar su corazón de dinero, de placer, de poder…y no son felices. «¡Si conocieras el don de Dios!… Yo te daría a ti un agua viva», que calma plenamente la sed… «Dame, Señor, de esa agua» … Aquella mujer constató que aquel hombre era distinto de todos los demás. Le llenaba el alma, le llenaba el corazón… se sentía nueva, sin necesidad de volver al pecado para ser feliz.
PREGUNTAS
1.- ¿Tengo prejuicios sobre las personas? ¿Sé mirar a cada hombre y mujer como mis hermanos?
2.- ¿Siento sed de Dios? Si alguna vez me he apartado de Dios, ¿he sentido que me faltaba el agua, el aire, el pulso, la respiración?
3.- ¿Siento necesidad de dar a conocer a otros el regalo de la fe? ¿Qué hago en medio de este mundo tan apartado de Dios?

