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4-nov.-miércoles de la 31.ª semana del T. O.

para ellos todo comenzó cuando, aún jóvenes, respondieron «sí» a Dios y se entregaron a Él plenamente, sin guardar nada para sí

Alegre despertar en esta mañana, que la iniciamos con unas palabras hermosas del salmo 51: «Hazme oír el gozo y la alegría, afiánzame con espíritu generoso, renuévame por dentro con espíritu firme». Señor, nadie te puede acusar de no hablar claro. Tú nos prometes la salvación, la vida eterna, la santidad, la alegría, y a cambio nos pides aceptar la propia cruz. Esa cruz que es tan fácil de dejar, pero tan difícil de asumir. Muchas veces vivimos como queremos y no deseamos ni siquiera oír hablar de cruces. Se ve que nos falta el encuentro personal contigo. Porque para dejar todo y seguirte, es necesario primero haber tenido un encuentro personal contigo, en el que nos has mirado, nos has tendido la mano y nos has dicho «ven y sígueme». No es tan fácil dejar nuestras seguridades y mantenernos fieles. Para eso necesitamos conocer de qué medios disponemos y hasta dónde podemos llegar con nuestras fuerzas. 

Hemos aceptado tu invitación a ser discípulos tuyos. Estamos dispuestos a vivir con alegría y esperanza sin temor ni desaliento. Danos la fuerza de tu Espíritu para tomar en serio nuestra fe y aceptar nuestra misión en la vida con todas sus consecuencias. No permitas, Señor, que los apegos de esta vida nos alejen de tu verdadero amor. Que el único pego sea el amor a ti y el servicio desinteresado a nuestros hermanos. Bendícenos abundantemente en este día ahora y siempre. Amén. 

Feliz y generoso miércoles, vivido en cálculos espirituales y amorosa renuncia a lo que se opone al amor del Señor. 

PALABRA DEL PAPA

Jesús, en el Evangelio, nos habla de un proyecto al que adherir hasta el final. Dice: «El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lc 14, 27); y agrega: «cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo» (v. 33). Es decir, nos llama a lanzarnos sin vacilar a la aventura que Él nos propone, con la inteligencia y la fuerza que vienen de su Espíritu y que podemos acoger en la medida en que nos despojamos de nosotros mismos, de las cosas y de las ideas a las que estamos apegados, para ponernos a la escucha de su palabra. Muchos jóvenes, a lo largo de los siglos, tuvieron que afrontar este momento decisivo de la vida. Pensemos en san Francisco de Asís (…)  ¡Y cuántos otros santos y santas podríamos recordar! A veces nosotros los representamos como grandes personajes, olvidando que para ellos todo comenzó cuando, aún jóvenes, respondieron «sí» a Dios y se entregaron a Él plenamente, sin guardar nada para sí. A este respecto, san Agustín cuenta que, en el «nudo tortuosísimo y enredadísimo» de su vida, una voz, en lo profundo, le decía: «Sólo a ti quiero». [2] Y, de esa manera, Dios le dio una nueva dirección, un nuevo camino, una nueva lógica, donde nada de su existencia estuvo perdido. (Papa León XIV, Homilía, 7 de septiembre de 2025)

una voz, en lo profundo, le decía: «Sólo a ti quiero»
ORACIÓN 

Señor, hoy te entrego el control de mis apegos más fuertes. Reconozco que me cuesta trabajo entender lo que significa renunciar a mis comodidades para ir en pos de Ti. A veces me paraliza el temor de perder el cariño de los míos o de sacrificar mi seguridad económica por serte fiel. Perdona esa cobardía para abrazar la cruz. Ayúdame a amarte verdaderamente, a soltar las amarras del mundo para navegar confiado en el océano de tu misericordia. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-4-de-noviembre-de-2026 

A primera vista en este evangelio, Jesús nos parece demasiado exigente, incluso demasiado egoísta: quiere que le amemos a ÉL por encima de todo y que le amemos «con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas». Pero ¿hemos caído en la cuenta de lo que dice después? El segundo mandamiento es semejante al primero. Y el segundo es amar a las personas. Si llegamos a amar a Dios con todo el corazón, los más beneficiados de ese amor serán las personas a las que amamos. Un corazón lleno del amor de Dios es un verdadero tesoro para el hombre. Pensemos en dos esposos que se aman “con todo el corazón”; los padres y los hijos que se quieren con “todo el corazón”; la familia humana que se ama con el mismo amor que el mismo Jesús le regala. Este mundo se convertiría en un verdadero paraíso. Y Jesús no quiere que nos amemos con un amor limitado, pobre, ruin. Con un amor así nadie puede ser plenamente feliz. Por eso, porque Dios quiere que seamos felices plenamente, quiere que nuestro amor sea pleno. Y nadie en este mundo puede amar de esa manera «si el amor de Dios no ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Ro 5, 5). Jesús no puede querer que no nos amemos. Jesús no quiere que nos amemos poco ni que nos amemos mal.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.