Pasar al contenido principal

Meditación 2 de febrero – Presentación del Niño Jesús.

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/280/evangelio-dominical/meditacion-2-febrero-2020jpg.jpg

 “… los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén,

para presentarlo al Señor, de acuerdo con o escrito en la ley del Señor...” (Lucas 2, 22-40) 

Simeón es un personaje entrañable. Lo imaginamos casi siempre como un sacerdote anciano del Templo, pero nada de esto se nos dice en el texto. Simeón es un hombre bueno del pueblo que guarda en su corazón la esperanza de ver un día “el consuelo” que tanto necesitan. “Impulsado por el Espíritu de Dios”, sube al Templo en el momento en que están entrando María, José y su niñito Jesús.

El encuentro es conmovedor. Simeón reconoce en el niño que trae consigo aquella pareja pobre de judíos piadosos al Mesías, al Salvador, que lleva tantos años esperando. El hombre se siente feliz. En un gesto atrevido y maternal,” toma al niño en sus brazos” con amor y cariño grande. Bendice a Dios y bendice a los padres.

Pero, de pronto, se dirige a María y su rostro cambia. Sus palabras no presagian nada tranquilizador: “Una espada te traspasara el alma”. Este niño que tiene en sus brazos será una “bandera discutida”: fuente de conflictos y enfrentamientos. Jesús hará que “unos caigan y otros se levanten”. Unos lo acogerán y su vida adquirirá una dignidad nueva: su existencia se llenará de luz y de esperanza. Otros lo rechazarán y su vida se echará a perder. El rechazo a Jesús será su fracaso definitivo.

Siempre es así. También hoy. Si tomamos en serio nuestra conversión a Jesús, no será nunca para nuestra tranquilidad sino para afrontar momentos de crisis. No es posible una relación más vital con Jesús sin dar pasos hacia mayores compromisos. Y esto es siempre doloroso. 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán