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Meditación 1° marzo de 2020–Domingo 1° de CUARESMA

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” … Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.

Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches …” (Mateo 4, 1-11) 

La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencias, sacrificios y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión... de vuelta a Dios. Durante este camino hacia la Pascua los cristianos y la Iglesia estamos particularmente llamados a liberarnos de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias, sin esfuerzo. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, la psiquis y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, el camino. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, el amor, por último, los guardas de todo tipo de repliegue egoísta y de formalismo. 

La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo del Señor Jesús, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo hemos de valorarlo con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero hemos de hacerlas con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Santo Espíritu. Aunque filtrada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se traspasa a lo largo de toda la Cuaresma. 

La Cuaresma también se presenta como un largo retiro espiritual: mayor fidelidad e intensidad en el cumplimiento de los compromisos como discípulos de Jesús, participación en especiales “prácticas espirituales”, moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional.

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán