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LA PLENITUD DE LA LEY, RADICA EN EL AMOR

En este domingo, 16 de febrero, VI del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a ejercer la libertad siendo fieles a lo que agrada a Dios. No somos libres para hacer lo que se nos antoje, acaso atropellando la propia dignidad o la de los otros (1ª lectura: Eclesiástico 15, 16-21).

La Sabiduría, don del Espíritu Santo, nos ha sido dada justamente para que hagamos un uso responsable de la libertad, siendo mejores personas, mejores discípulos misioneros de Jesús (2ª lectura: I Corintios 2, 6-10).

La Ley de Dios no pretende coartar nuestra autonomía. Cristo no la desvirtúa, por el contrario, la lleva a plenitud centrándola en el Amor (Evangelio de Mateo 5, 17-37).

El Amor nos libra de encerrarnos en sí mismos, nos hace capaces de descubrir a los otros para respetarlos como personas, para servirlos como hermanos. El Amor transforma nuestras relaciones humanas, genera un clima de confianza y de felicidad.

En el Amor se inspiran el respeto a la vida humana, la fidelidad, el respeto debido al Nombre de Dios. Exigencias de la Ley divina a las que se refiere Jesús en la enseñanza de este domingo.

Preguntémonos si hacemos buen uso de la libertad que Dios Padre nos concede, si contribuimos a forjar una cultura de vida, si perseveramos en la fidelidad, si nos basta con decir “sí” o “no”.

Monseñor Álvaro Vidales.