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#Evangelio - Purificar la mirada sobre el Hijo de Dios (8 de marzo)

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El domingo pasado la oración colecta de la misa nos inspiró como trabajo de la Cuaresma acoger la gracia para profundizar en el conocimiento del misterio de Cristo y así…

La voz del Padre que se deja oír desde la nube declara que Jesús es Hijo de Dios, luego, descendiendo de la montaña, Jesús se llama a sí mismo Hijo del hombre. El Hijo de Dios se manifiesta con su rostro brillante como el sol y su vestido blanco como la luz; el Hijo del hombre baja de la montaña y anuncia a sus discípulos su destino de muerte y resurrección.

Por su parte, la oración colecta de hoy presenta la gracia de la Cuaresma como obediencia a la palabra para trasformar nuestra manera de percibir el misterio: ‘aliméntanos con el gozo interior de tu palabra para poder contemplar con mirada limpia tu gloria’. Para participar de la Pascua es preciso purificar la mirada.

El relato de la transfiguración viene a ser la antítesis de las tentaciones que oímos el domingo pasado; hace ocho días, para la tercera tentación, el demonio subió a Jesús a un monte alto, hoy es Jesús quien propone a tres de sus discípulos más cercanos subir con él a un monte alto; en el monte de la tercera tentación el diablo mostró a Jesús todos los reinos del mundo, en el monte de la transfiguración se manifiesta la complacencia del Padre por la obediencia de Jesús.

Visto así, uno y otro episodio coinciden en el tema central: la identidad de Jesús, Hijo de Dios. «Si eres Hijo de Dios…», decía el tentador; hoy el Padre afirma «Este es mi Hijo muy querido».

Al bajar del monte, Jesús ordenó a Pedro, a Santiago y a Juan que guardaran silencio: «no cuenten a nadie la visión». En la Biblia, con el término ‘visión’ se suele llamar el desvelamiento de una revelación (véase Hechos 10, 3; 16, 9; 18, 9).

Según esto, estamos ante un episodio valorado como revelación. Por su parte, la reacción de los discípulos es similar a la del vidente en Apocalipsis 1, 17: «Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él puso la mano derecha sobre mí y me dijo: ‘No temas.’». Desde esta perspectiva la transfiguración es una revelación acerca de Jesús, Hijo de Dios e Hijo del hombre.

En la secuencia del leccionario, el episodio del evangelio de este domingo nos revela en la cima del monte alto que Jesús es el Hijo de Dios, que rechazó el dominio del diablo; y en el descenso nos devela el destino del Hijo del hombre, que, por su obediencia al proyecto del Padre, será rechazado por los dirigentes del pueblo y entregado a la muerte, pero que también resucitará de entre los muertos.