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#Evangelio -  Profundizar en nuestra identidad de hijos de Dios (1 de marzo)

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La Iglesia instituyó la Cuaresma en los primeros siglos de cristianismo para acompañar la última etapa de la preparación de los adultos que querían iniciar su vida…

Hoy en día la Cuaresma se nos presenta como la acción del amor de Dios en nosotros para recuperar, mediante la penitencia, la gracia del bautismo. Por el bautismo el Padre del cielo nos ha configurado a la imagen de Jesucristo, pero en algunas ocasiones esta dignidad e identidad de hijos de Dios es negada cuando resultamos asumiendo valores, juicios, estilo de vida, que no son los de un cristiano; en la Cuaresma volvemos la mirada para contemplar el misterio de Cristo y, atraídos por el amor de Dios, acudir a la penitencia para rechazar el pecado. Al final de la Cuaresma, en la noche de la Vigilia pascual, la Iglesia nos invita a la renovación de los compromisos bautismales.

En el evangelio de la misa de este I domingo de Cuaresma la liturgia nos presenta el episodio de las tentaciones (Mateo 4, 1-11). En el evangelio según san Mateo, la escena inmediatamente anterior a las tentaciones es el bautismo de Jesús (Mateo, 3, 13-17), episodio que se cierra con el testimonio del Padre del cielo: «Este es mi Hijo muy querido».

Al conectar el episodio de las tentaciones con el bautismo se destacan las tentaciones como el ardid del diablo para desmentir la identidad de Jesús, Hijo de Dios, revelada por el Padre en la escena del bautismo. Esta intención del evangelista se ve reforzada cuando en la narración por dos ocasiones el diablo lanza su ataque a Jesús retando su filiación divina: «Si eres el Hijo de Dios…».

Los ataques del diablo lanzados contra la filiación de Jesús nos llevan a reconocer que nuestra identidad de bautizados –hijos de Dios– igualmente es contradicha por el ambiente y así como el diablo dirige su ataque contra la fidelidad de Jesús al proyecto de Dios, también hoy podemos experimentar que el mal nos seduce muchas veces a asumir estilos de vida que no son los de un cristiano.

Jesús rechaza los ataques del tentador acudiendo a la Escritura. Aquí no estamos ante la erudición de un escriba o delante del recurso de autoridad de un apologeta de la fe; en la citación de la Escritura hemos de reconocer la obediencia de Jesús al proyecto del Padre. Jesús quiere ante todo cumplir lo que el Padre ha dispuesto para él; Jesús solo buscó vivir de «toda palabra que sale de la boca de Dios».