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Nos disponemos para celebrar la Eucaristía, en este segundo Domingo de Cuaresma, encaminándonos hacia la Pascua con Cristo-Jesús Resucitado. Este es el Domingo cuando Jesús deja ver su gloria a sus Apóstoles, se transfigura, como un anticipo de su Resurrección.
En nuestro camino cuaresmal, no nos olvidamos de pedir a Dios que esta Eucaristía nos prepare a celebrar dignamente las fiestas pascuales.
Comencemos ahora, esta liturgia con un canto cuaresmal…
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El relato de la vocación de Abrahán, que encontramos en el libro del Génesis, nos presenta al patriarca dejando su tierra y emprendiendo un largo viaje hacia una tierra prometida por Dios. El Salmo recoge expresiones de confianza que muy bien podrían haberle acompañado durante la ruta. La narración del evangelista Mateo, de la transfiguración, confirma la vocación de Jesús como Hijo amado de Dios Padre e invita a los discípulos a que lo escuchen y le sigan en el camino hacia la Pascua. El Apóstol Pablo subraya que la fidelidad a esta “vocación santa”, no exenta de dificultades, no es obra nuestra, sino fruto de la gracia que se ha manifestado en Jesús.
¡Escuchemos atentamente…!
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- Para que nuestra Iglesia Católica vaya cada día encaminándonos hacia la gloria de Cristo-Jesús, purificándonos de nuestras malas obras. Oremos.
- Para que los que gobiernan las naciones luchen por la conservación de nuestros preciados recursos naturales. Oremos.
- Por los cristianos que han perdido su fe en Dios y sufren el "sin sentido de la vida", para que esa gloria que hoy se nos ha manifestado a nosotros, les ilumine también a ellos y puedan acercarse a Dios. Oremos.
- Para que los que celebramos hoy liturgia cuaresmal, llevemos también a los demás esa buena noticia que hoy se nos ha proclamado. Oremos.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo de la Catedral y Párroco de San Luis Beltrán

