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Queridos hermanos, bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este quinto Domingo del tiempo ordinario.
En esta y otras y todas las celebraciones, estamos acostumbrados al simbolismo de la luz. Hoy tenemos, como siempre, cirios encendidos junto el altar (...).
En las lecturas de hoy se dirige este simbolismo a la vida misma del cristiano: es la persona del creyente la que tiene que ser luz para los demás. Esto nos lo dicen el profeta Isaías en la primera lectura y el Señor Jesús en el evangelio.
Iluminados por esta Luz y dispuestos a ser reflejo de esa misma Luz para los demás, comenzamos nuestra liturgia cantando.
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Ser luz para el mundo es el tema que ocupa las lecturas de hoy.
El profeta Isaías y el salmista afirman que son luz aquellos que obran la misericordia con los necesitados. Es lo mismo que el evangelista Mateo narra cuando Jesús pide a los que han descubierto en las bienaventuranzas el camino de la felicidad: ser sal que da sabor en medio del mundo para que los demás puedan ver a través de ellos a Dios. Atentos escuchemos este mensaje.
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- Por nuestra Madre Iglesia Católica, para que siga siendo esa luz que desde su posición ilumine al mundo. Oremos
- Por los gobiernos del mundo, para que luchen por erradicar la pobreza y busquen siempre el bienestar de los más necesitados. Oremos.
- Por los que menos oportunidades de superación tienen en el mundo, por los migrantes e indigentes, para que las lecturas de hoy nos muevan a nosotros a acudir en su auxilio. Oremos.
- Por los que hemos escuchado este Domingo el mensaje del Señor Jesús, para que con nuestras buenas obras seamos luz para los demás, comenzando por aquellos familiares y personas con quienes convivimos y trabajamos. Oremos.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo de la Catedral y Párroco de San Luis Beltrán

