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Queridos hermanos, hoy damos inicio a un largo ciclo en el tiempo litúrgico que se llama “tiempo ordinario”.
Esta nueva etapa del año (que en su momento será interrumpida por la Cuaresma y La Pascua) dura hasta la festividad de Cristo Rey, que cierra el año eclesiástico y conecta con el nuevo tiempo de Adviento.
La liturgia de hoy acentúa el testimonio sobre Jesucristo: san Pablo que se proclama como Apóstol de Jesucristo, y Juan el Bautista, que nos da testimonio sobre Jesús de Nazareth como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Iniciemos con alegría nuestra celebración, con este canto.
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Los textos litúrgicos de este Domingo nos ayudan a centrar nuestra atención en la persona de Jesús, el Hijo de Dios y Mesías, anunciado por los profetas y ahora presentado por Juan Bautista como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
¡Atenta y piadosamente escuchemos!
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- Por nuestra Iglesia Católica, para que Dios, nuestro Padre, le conceda la paz y la unidad y la proteja en todo el mundo. Oremos.
- Por los gobernantes de nuestra patria y de todas las naciones, para que dóciles al Santo Espíritu, dirijan sus pensamientos y decisiones hacia una paz verdadera. Oremos.
- Para que la virtud de la esperanza cristiana mantenga firmes a quienes sufren persecución por causa del Evangelio. Oremos.
- Por nosotros mismos, para que la llamada del Señor Jesús resuene profundamente en nuestro interior y nos disponga a una conversión sincera. Oremos
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo de la Catedral y Párroco de San Luis Beltrán

