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7-may.-2026, miércoles de la 5.ª semana de Pascua

¿a dónde conduce este permanecer en el amor del Señor? ¿A dónde nos conduce? Nos lo ha dicho Jesús: «Para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena»

En tu santo nombre nos hemos levantado en este día y contemplamos con corazón agradecido esta hermosa mañana en que el sol nos alumbrará, nos llenará de su calor para poder iniciar nuestras labores. 

Ayer, en tu palabra nos invitabas a estar unidos a ti para dar frutos abundantes; hoy tu invitación es a permanecer en tu amor guardando tus mandamientos. Quizás tu pensamiento sea lograr que tus discípulos seamos capaces de sostener tu amor. Como discípulos tenemos parte en el compromiso amoroso al que tú mismo nos has llamado: «si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi padre y permanezco en su amor».  Un amor que viene del Padre. 

Tú nos amas con la misma intensidad y ternura con la que el Padre te ama a ti. Es un amor infinito que no depende de nuestros méritos, sino de tu bondad. Por eso, permanecer es actuar. Tú nos das la clave para no alejarnos: cumplir tus mandamientos; y tu mandamiento principal es el amor. Al amar al prójimo y seguir tus enseñanzas, mantenemos vivo el vínculo contigo. Que hoy sea un día para agradecer ese amor tan grande y para buscar, en cada pequeña acción, permanecer en tu presencia.

Un muy bendecido y amoroso, jueves, vocacional, lleno de bendiciones y del amor del Padre celestial. 

PALABRA DEL PAPA

«Como el Padre me ama, así os amo yo a vosotros» (Jn 15,9). El amor que Jesús nos dona es el mismo con el que el Padre lo ama a Él: amor puro, incondicionado, amor gratuito. No se puede comprar, es gratuito. Donándonoslo, Jesús nos trata como amigos —con este amor—, dándonos a conocer al Padre, y nos involucra en su misma misión por la vida del mundo. Y, además, podemos preguntarnos: ¿qué hemos de hacer para permanecer en este amor? Dice Jesús: «Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (v. 10) (…) Queridos hermanos y hermanas, ¿a dónde conduce este permanecer en el amor del Señor? ¿A dónde nos conduce? Nos lo ha dicho Jesús: «Para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena» (v. 11). El Señor quiere que la alegría que Él posee, porque está en comunión total con el Padre, esté también en nosotros en cuanto unidos a Él. La alegría de sabernos amados por Dios a pesar de nuestras infidelidades nos hace afrontar con fe las pruebas de la vida, nos hace atravesar las crisis para salir de ellas siendo mejores. Ser verdaderos testigos consiste en vivir esta alegría, porque la alegría es el signo característico del verdadero cristiano.  (Francisco, Regina Caeli, 9 de mayo de 2021)

ORACIÓN 

Señor, te pido que me ayudes a permanecer en tu amor. Que, en medio de las carreras, las preocupaciones y el trabajo del día, mi corazón no se aparte de Ti. Dame la fuerza y la sabiduría para cumplir tus mandamientos, especialmente el de amarte a Ti y a mis hermanos, pues sé que ahí es donde mi vida encuentra su verdadero sentido.

Quita de mí toda tristeza o desánimo e infunde en mi espíritu esa alegría plena que nos prometiste. Que tu gozo sea mi fortaleza y que pueda transmitir esa paz a quienes me rodean.

Me pongo en tus manos, confiando en que tú caminas a mi lado. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-6-de-mayo-de-2026

A veces sucede que el amor de dos enamorados es tan fuerte que “estalla”. Ya no se puede contener. Es lo que sucede a Jesús. Lo que afirma Jesús en este evangelio es inmenso, inefable, inaudito. Yo ahora soy amado con el mismo amor con que el Padre ama a Jesús. No me extraña que Jesús diga que nuestro gozo puede llegar a plenitud. Sólo en la plenitud del amor puede darse un amor de plenitud; sólo viviendo ese amor infinito de Dios puedo llegar a un gozo colmado, rebosante, sin medida. Esto es tan grande que no cabe dentro de un corazón tan limitado como el nuestro. Es el mismo Dios el que debe “ensanchar la tienda de nuestro pobre y pequeño corazón”. Llama poderosamente la atención que, en estos tres versículos, salga tres veces el verbo “permanecer”. Una de las características de los jóvenes de nuestro tiempo es el miedo “a los compromisos de por vida”. Y eso vale tanto para los novios como para los novicios, novicias y seminaristas.  Y esto, ¿para siempre?  Y, sin embargo, es lo que da seriedad a la vida. Lo que Jesús nos dice con este verbo “permanecer” es que no nos cansemos, que vivamos cada uno nuestra vocación, pero con un amor sin desmayos, sin desganas, sin aburrimiento. Permanecer significa vivir toda la vida con un amor lleno de ilusión, de alegría, de emoción, tanto si se trata del amor a Dios como del amor a nuestros hermanos. En este colectivo está prohibido el “cansarse”. ¿Cómo es posible cansarse de amar y ser amado?  “El amor ni cansa ni se cansa” (san Juan de la Cruz). “En este amor se calmará la fuerza de la discusión; de él nacerán las palabras amigas de la comunión; por él se abrirá camino el silencio que dispone a la escucha de las obras de Dios. Si permaneces en el amor, contarás a todos los pueblos las maravillas del Señor”. (Fr. Agrelo)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.