En tu santo nombre nos hemos levantado en este día y contemplamos con corazón agradecido esta hermosa mañana en que el sol nos alumbrará, nos llenará de su calor para poder iniciar nuestras labores.
Ayer, en tu palabra nos invitabas a estar unidos a ti para dar frutos abundantes; hoy tu invitación es a permanecer en tu amor guardando tus mandamientos. Quizás tu pensamiento sea lograr que tus discípulos seamos capaces de sostener tu amor. Como discípulos tenemos parte en el compromiso amoroso al que tú mismo nos has llamado: «si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi padre y permanezco en su amor». Un amor que viene del Padre.
Tú nos amas con la misma intensidad y ternura con la que el Padre te ama a ti. Es un amor infinito que no depende de nuestros méritos, sino de tu bondad. Por eso, permanecer es actuar. Tú nos das la clave para no alejarnos: cumplir tus mandamientos; y tu mandamiento principal es el amor. Al amar al prójimo y seguir tus enseñanzas, mantenemos vivo el vínculo contigo. Que hoy sea un día para agradecer ese amor tan grande y para buscar, en cada pequeña acción, permanecer en tu presencia.
Un muy bendecido y amoroso, jueves, vocacional, lleno de bendiciones y del amor del Padre celestial.
PALABRA DEL PAPA
«Como el Padre me ama, así os amo yo a vosotros» (Jn 15,9). El amor que Jesús nos dona es el mismo con el que el Padre lo ama a Él: amor puro, incondicionado, amor gratuito. No se puede comprar, es gratuito. Donándonoslo, Jesús nos trata como amigos —con este amor—, dándonos a conocer al Padre, y nos involucra en su misma misión por la vida del mundo. Y, además, podemos preguntarnos: ¿qué hemos de hacer para permanecer en este amor? Dice Jesús: «Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (v. 10) (…) Queridos hermanos y hermanas, ¿a dónde conduce este permanecer en el amor del Señor? ¿A dónde nos conduce? Nos lo ha dicho Jesús: «Para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena» (v. 11). El Señor quiere que la alegría que Él posee, porque está en comunión total con el Padre, esté también en nosotros en cuanto unidos a Él. La alegría de sabernos amados por Dios a pesar de nuestras infidelidades nos hace afrontar con fe las pruebas de la vida, nos hace atravesar las crisis para salir de ellas siendo mejores. Ser verdaderos testigos consiste en vivir esta alegría, porque la alegría es el signo característico del verdadero cristiano. (Francisco, Regina Caeli, 9 de mayo de 2021)
