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13-may.-2021 jueves de la sexta semana de Pascua

BVM Fátima 2

Tú nos has dado a conocer y nos has enseñado que tu Padre es también nuestro.

Despertar, abrir los ojos y contemplar las obras de tus manos ─en el sol que nos ilumina y las nubes que se disipan para dar paso al nuevo día─ que nos hablan de tu bondad y generosidad. En tus manos encomendamos la jornada de este día y que sea pleno de generosidad y disponibilidad. Señor, enséñanos a orar, ya que creemos en ti y te damos gracias por el don de la fe. Tú nos has dado a conocer y nos has enseñado que tu Padre es también nuestro. No tenemos palabras para agradecerte este don. Ayúdanos a corresponder viviendo como verdaderos hijos del Padre. Que el Espíritu Santo nos santifique en su amor.

En este día en que honramos a Nuestra Santísima Madre la Virgen de Fátima, sea ella quien siga enseñándonos a servir, como lo hizo cuando visito a su prima Isabel y cuando ayudó a los novios en las bodas de Caná, dejándonos esas bellas palabras para cumplirlas: «Haced lo que Él os diga». Sigamos el ejemplo de humildad y de sencillez de Nuestra Madre y vivamos en el gozo y la alegría. «Vuestra tristeza se convertirá en alegría», son tus palabras esperanzadoras en nuestras dificultades. Amén.

Que nuestra Madre, la Virgen, interceda por nosotros. Muy feliz y santificado jueves mariano, ojalá con Rosario en mano.

Haced lo que Él os diga

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Hoy acudo a ti Virgen milagrosísima de Fátima, porque confío plenamente en tus bondades pues tú eres la gran esperanza de los apenados, y lanzo mi mirada al Cielo porque necesito tu ayuda.

Yo tengo una esperanza sin límites en la bondad y misericordia del Todopoderoso y la certeza de que, si Tú eres mi intercesora, mis súplicas llegarán a tu amado hijo Jesús, y de él al Padre. Y podré conseguir lo que ahora desesperadamente preciso para salir de mis graves y urgentes problemas.

Ante Ti pongo todas mis preocupaciones, y te ruego con todo el fervor de mi corazón que obtengas para mí las gracias que te pido.

Oh dulcísima reina del mundo, oh blanca y peregrina Señora del Rosario, universal mediadora entre Dios y nosotros, yo, sabiendo que tu consigues de Él lo que solicitas, te ruego me ayudes en mis desesperadas peticiones, me abandono en tus amorosos brazos, recíbeme, como hijo, en tu maternal regazo, y no me desampares ahora y nunca.

Madre, llena nuestras vidas, nuestros hogares, de aquello que nos sea útil para la vida presente y para la vida eterna, y haz que sepamos comprender tu bendito mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea tu corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el sendero que nos conduzca al amor y a la unión con tu Hijo Jesús. Así sea.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.