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12-feb.-2026, jueves de la 5.ª semana del T. O.

¿Cuál es la fe grande? [...] es aquella que lleva la propia historia, marcada también por las heridas, a los pies del Señor pidiéndole que la sane, que le dé sentido.

Día para iniciarlo en tus manos y sentirnos en tu presencia. Danos la gracia y la fortaleza para que en este día podamos realizar alegres y optimistas las obras que tú esperas de nosotros. Te pedimos que hoy sea un día agradable y sin preocupaciones y, si las llegamos a tener, tengamos la seguridad de que tú nos ayudarás a salir adelante. 

Muchas veces tenemos actitudes negativas que nos llevan a fallarles a nuestros hermanos y en este día nos enseñas que los prejuicios pueden llevarnos a lo negativo y a no valorar el verdadero sentido que pueden tener para nosotros nuestros hermanos sobre todo los débiles, los heridos en el corazón, los enfermos, desconcertados… Sin embargo, tu actitud es diferente. Para ti no existen las fronteras. En tu misericordia anuncias a todos tu palabra y haces el bien. Te das a todos, en especial a los más necesitados. En este pasaje es a la hija endemoniada de la cananea, mañana será el sordo, luego al paralítico, al ciego…, así es tu bondad, Señor, porque tú no miras más que el corazón y nuestras necesidades. 

Que en esta jornada miremos con los ojos del corazón y colocando en tus manos todo lo que hay en él, nuestros sueños e ilusiones, con la esperanza de que nos ayudes a hacerlos realidad con la fuerza de tu Espíritu. Ponemos en tus manos nuestras preocupaciones, temores, y dificultades, nuestros miedos. Señor, hoy estarás llenándonos de todo lo que se requiere para ser feliz. Gracias por salir a nuestro lado a iniciar este nuevo día. 

Un muy feliz, testimonial y vocacional jueves. 

PALABRA DEL PAPA

Esta madre demuestra haber intuido que la bondad del Dios Altísimo, presente en Jesús, está abierta a toda necesidad de sus criaturas. Esta sabiduría plena de confianza toca el corazón de Jesús y le arrebata palabras de admiración: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas» (v. 28). ¿Cuál es la fe grande? La fe grande es aquella que lleva la propia historia, marcada también por las heridas, a los pies del Señor pidiéndole que la sane, que le dé sentido. Cada uno de nosotros tiene su propia historia y no siempre es una historia limpia; muchas veces es una historia difícil, con muchos dolores, muchos problemas y muchos pecados. [...] Siempre hay cosas feas en una historia, siempre. Vamos donde Jesús, llamamos al corazón de Jesús y le decimos: ¡Señor, si Tú quieres, puedes sanarme! Y nosotros podremos hacer esto si tenemos delante de nosotros el rostro de Jesús, si  entendemos cómo es el corazón de Cristo: un corazón que tiene compasión, que lleva sobre sí nuestros dolores, que lleva sobre sí nuestros pecados, nuestros errores, nuestros fracasos. Pero es un corazón que nos ama así, como somos, sin maquillaje. (Francisco - Ángelus, 16 de agosto de 2020)

ORACIÓN 

Señor, cuán agradecido estoy contigo por entrar en mi vida y mostrarme el camino que necesito alcanzar para lograr mi felicidad y la de mis seres amados. De Ti provienen todas las fuerzas y el verdadero amor que me impulsa a seguir adelante en los altibajos de mi vida.

Creo en Ti, Señor Jesús, pero aumenta mi fe. Dame una fe tan poderosa  —capaz de arrancar milagros en tu amor— como la de aquella mujer cananea a la que no le importó humillarse y rogar tu misericordia.

Reflexión sobre el evangelio (P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

«Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Una siria de Fenicia busca a Jesús y se postra a sus pies; es decir, una mujer pagana, una mujer que no es del pueblo de Israel, que no aprendió en familia a adorar al Dios verdadero, por pertenecer a otra cultura y a otra religión; y, sin embargo, esta mujer reconoce la grandeza y el poder de Cristo para combatir a los demonios que atormentaban a su hija, suplicando su intervención. ¡Qué atrevimiento y qué enseñanza para nosotros!

Repito, ¡qué atrevimiento y qué enseñanza la de esta mujer fenicia!: una pagana que decide renunciar a toda su historia y cosmovisión para acercarse a Cristo; mientras que nosotros tantas veces vamos en sentido contrario. Ella […] lo deja todo por la luz que es Cristo, con la certeza de que solo Él salvará a su hija del demonio; mientras que nosotros, que hemos recibido a Cristo gratuitamente, que somos herederos de una tradición cristiana y de toda una cultura que sumerge sus raíces en la verdad que solo Cristo ofrece, nos estamos alejando paulatinamente de Él. ¡Qué contradicción!

En tu regreso —purificación o conversión— probablemente el Señor te hablará con firmeza, como lo ha hecho con la mujer fenicia; pero, como con ella, todo forma parte de su pedagogía para que cada fibra de tu ser comprenda que todo lo que Él te ofrece es obra de su gratuidad, que no mereces nada, pero, aun así, Él siempre está ahí para ti. Si te mantienes firme en tu búsqueda, le permitirás actuar, porque quiere liberarte del poder de tus pecados y de todos tus demonios. 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.