12 de julio de 2010.
Desde hace un tiempo esperaba la noticia de que el Santo Padre aceptaría pronto su renuncia; y la noticia la semana pasada de que a su amigo el Señor Cardenal Giovanni Battista Re le había sido aceptada la renuncia de su cargo de Prefecto de la Congregación de Obispos, me hicieron sospechar sobre la inminencia del nombramiento de su sucesor; además ya había pasado la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo y como es costumbre ya se podía volver a nombrar Arzobispos Metropolitanos.
Por eso he querido escribir esta nota de agradecimiento a sus muchas bondades. Hace ya más de 30 años que nos conocemos, usted era el Tercer Obispo de Cúcuta, nombrado el 2 de junio de 1971, para suceder al bogotano Monseñor Pablo Correa León, a quien se le había aceptado la renuncia y se le había trasladado como Obispo titular de Colonnata desde el 27 de julio del año anterior. También entonces se demoraban los nombramientos episcopales. Usted recibió la consagración el 10 de julio siguiente, y tenía sólo 39 años, ya que había nacido en Cartago, Valle el 13 de septiembre de 1932 en el hogar de Don Pedro Rubiano Concha y de Doña Tulia Sáenz González, a quien conocí la primera vez que estuve en Cúcuta.
Recuerdo muy bien la circunstancia de ese primer encuentro con usted: yo estaba de profesor de Derecho Canónico en la Facultad de Teología y en el Instituto de Teología para Laicos, ambos de la Pontificia Universidad Javeriana. Existía en ese tiempo un fondo llamado Aloisiano, constituido por bienes del suprimido “Colegio” Aloisiano de Bogotá, en donde vivían los seminaristas diocesanos que estudiaban en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Con ese fondo se ofrecían cursos de actualización teológica para los diferentes cleros diocesanos, simiente de lo que hoy se llama Formación Permanente sistemática del clero, y usted fue uno de los primeros Obispos que acogió bien esa idea y pidió un curso sobre Eclesiología. El Padre Alberto Arenas S.J. tuvo a bien escogerme a mí para esa labor y así se lo comunicó.
Ya en Cúcuta tuve la sorpresa de encontrar que usted asistiría a todo el curso, lo cual no estaba previsto, sólo que lo instalara y lo clausurara. No sabe el susto que me dio, nunca había tenido de alumno un Obispo, que además tenía fama de ser intelectualmente preparado, porque había estudiado Teología en la Universidad Laval de Quebec en Canadá, Catequesis en la Universidad Católica de Washington y lo que se me hacia a mi más interesante, Doctrina Social de la Iglesia en el ILADES de Santiago de Chile.
Al terminar el curso usted me invitó a almorzar en su casa con Doña Tulia y usted se encargó de llevarme al aeropuerto; en la larga conversación de esa tarde, hablamos de mis parientes en Cartago y resultó que uno de ellos, médico, el Doctor Acevedo había sido médico de usted y de los suyos; Doña Tulia conocía a las primas de mi madre, las Acevedo Mendoza, que vivían frente al templo de San Francisco de Cartago etc.
Por otra parte, le manifesté mi interés por el ILADES y usted me habló de los Padres Pierre Bigó y Renato Poblete y de los cursos que daban; yo le manifesté mi deseo de seguir profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia y en especial en dos aspectos: la Formación Socio-política y la Pastoral Social. Usted me preguntó entre otras cosas por las posibilidades de tiempo etc. y al poco tiempo, consiguió que el Padre Joaquín Castro Gutiérrez, en ese momento Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, me permitiera dar algunos cursos de diferentes temas de carácter social y político, que el Secretariado organizaba.
Usted era el Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social; y así poco a poco, empecé a trabajar para el episcopado bajo su dirección. Fueron años maravillosos de innovación y de investigación, colaboré en la redacción del Curso a Distancia de Pastoral Social, una novedad en su momento, porque todavía era rara esa modalidad educativa y usted tuvo la inteligencia pastoral de ver su importancia.
Estábamos en el gobierno de Turbay Ayala y a usted, con una gran visión, se le ocurrieron tres cosas: la redacción de un Curso de Formación Socio-política también a distancia; la de publicar cada año una análisis sobre la realidad colombiana; y la de hacer un compendio sobre la Doctrina Social de la Iglesia; además usted estaba vinculado a la Comisión de Pastoral Social del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y hacia parte del Comité Ad Hoc encargado de redactar dicho compendio en el nivel latinoamericano.
Cuando concluyó su mandato como Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social usted siguió de miembro de ella y ayudó decididamente a Monseñor Félix María Torres Parra, su sucesor. Por ejemplo, usted propuso mi nombre para Subdirector Nacional de Pastoral Social y convenció a Monseñor Torres para que hiciera una excepción en cuanto la dedicación exclusiva y me permitiera seguir de profesor de la Facultad de Teología de la Javeriana. Gracias por esa comprensión que me permitió poder vincularme al Secretariado de Pastoral Social en un puesto de gran responsabilidad.
En esos años, a Dios gracias usted me dio la oportunidad de redactar el Curso de Formación Socio-política, cuyos principales destinatarios eran los mismos señores Obispos y los directores diocesanos de Pastoral Social; ese trabajo me sirvió muchísimo, fueron años de estudio e investigación, ya que yo era, para ese tiempo, profesor de Sistemas Políticos y de Filosofía Política en la Universidad Santo Tomás. Al mismo tiempo usted me abrió las páginas de la Revista Documentación de Pastoral Social en donde publiqué varios artículos que no cabían dentro de los parámetros de la extensión de curso. Años después, el Secretariado de Pastoral Social, con su apoyo, hizo una adaptación resumida del Curso de Formación Socio-política y del Curso de Pastoral Social, como módulos del curso ampliado de Doctrina Social de la Iglesia.
Gracias a usted ayudé, bajo la coordinación de María Cristina Jaramillo de Hidalgo, en la preparación de varios informes de Análisis de la Realidad, como el titulado: Aproximación a la realidad colombiana en 1981 y conocí metodologías sociológicas, que me han seguido sirviendo, por ejemplo, en la redacción del Plan Global de la Parroquia de San Jorge, que hice para adaptar y concretar esa obra suya monumental que deja como testimonio de su paso por la Arquidiócesis de Bogotá en el Plan Global Arquidiocesano, fruto maduro del VI Sínodo de Bogotá, convocado por su antecesor, pero terminado por usted, y que a mi modo de ver no ha sido suficientemente apreciada su riqueza pastoral. Usted es un hombre de visión y no siempre los que lo seguimos estamos a su altura.
En cuanto el Curso sobre Doctrina Social de la Iglesia, usted lo propició y promovió, ya como Arzobispo Coadjutor de Cali y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social; y Monseñor Félix María Torres Parra en ese momento Obispo de Santa Marta, lo terminó y publicó en 1984 con el titulo de Compromiso Socio-político del Cristiano.
Recuerdo en esos años las reuniones de la Comisión Episcopal en la que siempre había un detalle de mi parte y era ofrecerles a los Señores Obispos una cena preparada por mí, de la que usted previamente averiguaba el menú. Gracias por la forma como siempre acogió a mi madre y a mi familia, que año tras año esperaban su visita de amigo y pastor. Esa costumbre la mantuve hasta el primer año en que fui Secretario Adjunto del CELAM.
Para tener una visión más completa de su inmensa labor en el terreno de la Pastoral Social, quiero recordar que usted también fue el promotor de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes o C.C.B. y gracias a su amplia experiencia internacional sobre ese tipo de campañas, usted logró que esta fuera aprobada por la Resolución B 5 de 1981 de la XXXVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal y encomendada al Secretariado Nacional de Pastoral Social.
Recuerdo que usted me propuso en la Comisión Episcopal para que redactara un texto de divulgación sobre el fundamento doctrinal y pastoral de la C.C.B. y así nació el libro sobre el sentido de esta actividad, llamado: Hacia una Teología de la Comunicación Cristiana de Bienes, el cual fue publicado también por su sucesor en marzo de 1982. Así mismo, el año siguiente, colaboré en el equipo del Secretariado que redactó un segundo libro titulado: Comparte con Alegría; y en 1984 un tercer libro: Gracias porque tuve hambre y me diste de comer. Esos tres libros estructuraron el sentido de la campaña, la cual año tras año ha continuado irradiando de caridad el sentido penitencial de la Cuaresma.
Usted con la discreción que lo caracteriza, ajena a cualquier protagonismo, después que ha creado y promovido algo, lo deja andar por su cuenta y riesgo, sin afán de perpetuarse, ni de seguir controlando todo. Lección de sabiduría eclesial y política, que denota una espiritualidad pastoral excepcional y que se la he observado en situaciones como el de la Caja Vocacional, el de la adquisición de sede para la Conferencia Episcopal, y en todo lo que deja como herencia de su paso como XXXIX Arzobispo Metropolitano de Bogotá y que trataré de acercarme en otro artículo.
Al mismo tiempo que usted renovaba la Pastoral Social colombiana, colaboraba también en el nivel latinoamericano como miembro de la Comisión de Acción Social del CELAM, que presidía Monseñor Luís Bambarén Gastelumendi S.J. Obispo Prelado de Chimbote en el Perú y así lograron publicar en noviembre de 1981 el libro Fe cristiana y compromiso social, libro que coincide con la publicación de la Encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II el 14 de septiembre de ese mismo año.
El libro del CELAM se agotó rápidamente y usted en carta del 23 de febrero de 1983 obtuvo autorización de Monseñor Bambarén para que el Secretariado Nacional de Pastoral Social hiciera una segunda edición, la cual fue revisada por el Padre Pierre Bigó S.J. y me tocó a mi, como Subdirector Nacional de Pastoral Social, la grata labor de preparar la edición colombiana teniendo que leer toda la obra.
Por otra parte, para completar este panorama de su labor como pionero de la Pastoral Social en Colombia, usted desde Cúcuta se preocupó pastoralmente por la Pastoral de la Movilidad Humana y llevó a esa ciudad a los Padres Scalabrinianos, a los cuales trajo también a Bogotá para ayudar en el Secretariado y en la Oficina de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y luego los llevó a Cali y nos ayudó, estando usted en el Comité Económico del CELAM y yo en la Secretaría Adjunta del mismo organismo, a vincularlos también al CELAM para el Secretariado Latinoamericano de Pastoral de la Movilidad Humana.
Mientras tanto usted se vinculaba decisivamente a la Oficina Católica para las Migraciones. Por eso no es extraño que usted sea miembro del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes y haya sido Vicepresidente de la Comisión Católica Internacional de Migración con sede en Ginebra, Suiza; en donde usted estaba cuando se destapó públicamente en la prensa el escándalo del Presidente Turbay en un club de Cúcuta; suceso que había sucedido meses antes. Gracias por la valentía y claridad que mostró en esa ocasión.
En el terreno de la Pastoral Social usted apoyó la admirable labor que realizaban con los obreros los Padres jesuitas Vicente Andrade Valderrama y Francisco Javier Mejía Londoño; y con los campesinos el Padre jesuita Célico Caicedo Dávila y Monseñor Jesús Iván Cadavid Gutiérrez con sus Hogares Juveniles Campesinos; por eso gracias a su apoyo se hicieron Encuentros de Iglesia y Trabajadores, actividad que lamentablemente se ha interrumpido.
También usted apoyó la labor de la Pastoral Penitenciaria Nacional; línea que lo ha motivado a crear en la Arquidiócesis la Parroquia personal de Santa María de la Libertad, con sede en la Parroquia territorial de Santa Bárbara de Bogotá. Eso muestra una especial sensibilidad en pastoral social y está en la misma línea en la que trabajan unos diáconos permanentes, otra de sus obras pastorales que trasforman el anuncio del Evangelio en Bogotá. Gracias por esa visión.
Un último dato: quiero agradecerle por haber traído a Colombia a la Madre Teresa de Calcuta y de haberme permitido conocerla personalmente y escucharla en el auditorio de la Conferencia Episcopal de la calle 26. Ella se fue muy impresionada por su labor pastoral en Cúcuta y desde entonces sus religiosas están en nuestra Patria.
Y cierro este primer artículo en el que me he centrado en la dimensión social de su pontificado durante los 39 años de servir al Señor y a la Iglesia en la Diócesis de Cúcuta (1971-1983), en la Arquidiócesis de Cali (1983-1994), en la Arquidiócesis de Bogotá (1995-2010); en la Conferencia Episcopal de Colombia en donde fue por tres períodos Presidente, y en el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM en donde fue miembro de la Comisión de Acción Social, y del Comité Económico, terminando como Presidente del mismo, precisamente para la realización dela V Conferencia General del Episcopado reunida en Aparecida.
Enrique Castillo Corrales, Pbro.
Párroco de San Jorge en Bogotá